Seguro que alguna vez quisiste insultar a tu jefe. Al fin y al cabo, no conozco a nadie que no lo haya pensado alguna vez. Sin embargo, las consecuencias podrían ser nefastas, y eso en muchos casos nos refrena. Pero eso se acabó. El otro día, por pura casualidad, descubrí la forma perfecta de insultar al jefe, sin ninguna consecuencia negativa.

Nos ponemos en situación, en la tienda en la que trabajo, entran dos potenciales clientes. Van juntos, pero cada uno me pregunta, al mismo tiempo, por relojes que están en extremos opuestos de la tienda. Luego, mientras uno de ellos me sigue preguntando varias cosas, el otro me pide que le saque algunos relojes para probárselos. Cinco minutos después, tengo unos seis relojes sobre el mostrador, y el cliente me pregunta el precio de todos, mientras su amigo me consulta por otros temas. ¿Es que estos dos no son capaces de entender que,
mientras le contesto a uno, no le puedo contestar al otro? ¿Acaso esperan que yo desarrolle espontáneamente una segunda cabeza para responder dos preguntas diferentes al mismo tiempo?
Para hacerla corta, el que se estaba probando relojes, tras casi media hora, se decide por uno de ellos (el más feo, por supuesto). Se lo mido, se lo corto a medida, le hago la garantía, y cuando le voy a cobrar, me da una tarjeta de crédito de esas con chip. Me da su identificación también, así que confirmo que la tarjeta es suya. Lógicamente, el datáfono me exige el códig pin, como ocurre con las tarjetas con chip. Cuando le doy el aparato, para que lo teclee, el muy inútil me dice que no sabe su pin, que pruebe con la banda magnética (obviamente, el datáfono no me la acepta). Entonces el tío me da otra tarjeta... ¡¡Que también va con chip!! En fin...
Finalmente el tipo se va, diciendo que va a ir a una casa de cambio, porque no tiene euros suficientes. Obviamente, no vuelve, y yo me quedo con el reloj en su caja, cortado a la medida del cliente, y listo para metérmelo por el culo (o volver a ponerle todas las piezas y dejarlo en su sitio, lo que me parezca más apropiado). Muy molesto por la cantidad de tiempo perdido con esos dos inútiles, exclamo, delante de mi jefe: ¡¡QUÉ CLASE DE IDIOTA NO SE SABE EL PIN DE SU PROPIA TARJETA!! "Pues yo", responde tímidamente.
Para no extenderme más, diré simplemente que, por suerte, en mi trabajo hay bastante buen ambiente. Todo se tomó a broma (aunque yo salí del paso diciendo: "
¿pero al menos tú no la usas para comprar con chip, verdad?") y nos reímos mucho, contándoselo luego a mi compañera. Sin embargo, creo que con un par de adaptaciones, este sistema puede servir para cualquiera que realmente
quiera insultar a su jefe.