jueves, 17 de diciembre de 2015

Navidad en la oficina

¡Decoración navideña! Espectacular, justo lo que me hacía falta para descansar la vista de las ocho horas diarias que me paso mirando la pantalla: un montón de serpentinas y bolitas de colores brillantes. ¿Si las lleno de cemento y se las tiro a la gente a la cabeza, me van a echar?

¡Amigo invisible! Bien, tengo que conseguir un regalo ridículamente barato para un imbécil al que apenas conozco y ni siquiera me cae bien. Pero eh, al menos a cambio de eso recibiré un regalo ridículamente barato de algún otro imbécil que tampoco me conoce y por lo tanto seguramente me comprará una puta mierda que no me servirá ni para rascarme la parte baja de las pelotas.

¡Dulces navideños! Bien, a ver si con el exceso de azúcar me da una reacción en el cerebro que haga que me olvide de que llevo semanas haciendo horas extra porque gracias al consumismo desaforado de todos los imbéciles que formamos esta sociedad la cantidad de trabajo en esta empresa se ha cuadruplicado.

¡Emails con felicitaciones navideñas! ¡Excelente! No hay nada que me emocione más que recibir un mensaje cursi y baboso de algún imbécil al que apenas conozco con una imagen que acaba de googlear para felicitarnos por las fiestas. Uh, y ahora todos los jefes están respondiendo a todo el mundo para sumarse al mensaje cursi de mierda. Buenísimo, porque los 250 emails que recibo cada día no son suficientes, necesito un poco más de spam para que mi vida sea completa.



Bueno, a ver si me puedo ir pronto y no veo a nadie más hasta finales de mes. A ver, cuando llegue el día 31, cuántos inútiles terminan el día diciendo "nos vemos el año que viene".

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