jueves, 31 de julio de 2014

Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres

Hace poco vi una página en Facebook llamada "Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres", con más de 600.000 likes. Para evitar decepcionar a nadie, he decidido cambiar mi comportamiento con las mujeres, para ser, a partir de ahora, como los héroes de las películas de Disney. En concreto, haré lo siguiente:

- Como hace el príncipe Encantador en La Cenicienta, voy a organizar un baile para que todas las jóvenes locales vengan a mostrarme su físico con la ropa más favorecedora que tengan, y elegiré a la que me resulte más atractiva físicamente. Eso sí, si ella, después de bailar conmigo, se va, no pienso reconocerla si no la veo con su vestido elegante, sus joyas y su peinado de fiesta.

- Como hace Eric en La Sirenita, esperaré que la joven que quiera estar conmigo cambie radicalmente su físico para gustarme, aunque dicho cambio la perjudique o le haga perder otros talentos. También esperaré que abandone su origen, su cultura y su familia, para adaptarse a mi forma de mi vida, por muy diferente que sea. Por supuesto, yo no cambiaré en nada. Ah, y si no habla no hay problema, de todas formas, mientras sepa cantar no habrá nada más de su personalidad que me interese (a lo sumo querré saber su nombre).

- Como hace Aladdin, mentiré sobre mi origen y mi nombre a la chica que quiera conquistar, ocultando todos mis antecedentes delictivos, a pesar de lo cual le pediré que confíe en mí. Si ella es suficientemente inteligente como para descubrir mis mentiras, con toda confianza la llevaré de paseo por donde me dé la gana sabiendo que de todas formas ella se sentirá atraída por mí, porque a las mujeres les gustan los delincuentes juveniles que poseen un medio de transporte impresionante.

- Y si no soy un delincuente juvenil, de todas formas me obsesionaré con tener un vehículo impresionante, como Kristoff en Frozen.

- Y si todo eso no funciona, haré como en La Bella y la Bestia, y raptaré a la mujer que me gusta. La encerraré en mi casa y la amenazaré, hasta que tenga tanto miedo que me vea como alguien bueno cuando yo haga algo mínimamente menos cruel (como permitirle acceder a una habitación de la casa que le guste especialmente). Solo le permitiré hablar con mis empleados, los cuales sólo podrán decirle cosas buenas de mí (a pesar de que a ellos también los trato con gritos y ataques). Con este sistema, seguro que ella se terminará enamorando de mí, al fin y al cabo, no le quedará más remedio.

Más de 600.000 mujeres en Facebook tienen la "alta expectativa" de ser raptadas y maltratadas hasta que el síndrome de Estocolmo las haga enamorarse de su captor.

Y así, poco a poco, me iré convirtiendo en un hombre mejor, que no decepcionará a ninguna admiradora de los "idealizados" héroes de Disney.

1 comentario:

  1. Jajajajaja
    Eres bueno...
    Cachondeo a parte. Menudas estupideces sueltan algunas personas

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