jueves, 10 de junio de 2010

Depilarse las cejas

Imagina que eres un varón heterosexual adulto (si ya lo eres, imagina que eres tú mismo... Ya sé que es difícil, pero haz un esfuerzo). Tu cuerpo nunca ha tenido demasiado vello corporal, así que, a pesar del invento de lo "metrosexual" y otras tendencias similares, jamás has tenido que preocuparte por cuestiones como la depilación. Ni siquiera necesitas afeitarte todos los días, y eres feliz así. Y entonces un día, de repente, casi sin darte cuenta, te encuentras con que tienes unas pinzas de depilar y estás quitándote un par de pelos del entrecejo (los únicos dos que tienes ahí, concretamente). ¿Cómo ha llegado a ocurrir semejante cosa?

Rebuscando en tu memoria intentas llegar no al momento en el que usaste esa pinza por primera vez, sino al momento en que alguien te hizo notar que incluso un tío tan poco peludo como tú tenía un par de pelos en el entrecejo, los cuales eran TAN poco estéticos que merecían ser removidos. Porque, seamos sinceros, tú jamás te habrías dado cuenta de eso por ti mismo. Tuvo que ser una chica, eso está claro. Sigues rebuscando en tu mente y finalmente llegas a esa que, según te parece, fue la primera que puso unas pinzas de depilar en tus manos y te indicó por qué te hacían falta. Hace años que no la ves, pero da igual, porque ahora la pinza de depilar es tuya. En algún momento incorporaste su ideología sobre el entrecejo hasta hacerla propia. Te han marcado un gol y ni siquiera te diste cuenta de cómo pasó.

Terminas tu "tarea" y usas el baño para otras actividades más puramente fisiológicas. Parece que el mal momento ya ha pasado, pero cuando terminas bajas la tapa antes de irte, y de repente te das cuenta de que lo has hecho sin pensar. En este caso te resulta más fácil encontrar a tu memoria a la chica que te hizo incorporar esa costumbre (no son tantas las mujeres con las que has convivido, y sabes bien lo insistentes que son con esa cuestión), y asumes que ella también te ha marcado un gol. Dos a cero.

¿Qué ha pasado con el auténtico macho que solías ser? Bueno, de acuerdo, tal vez nunca fuiste un macho a la vieja usanza, pero desde luego no eras la clase de tío que tenía su propia pinza de depilar. Es más, durante muchos años puede que ni siquiera supieras lo que era una pinza de depilar, y eso no te hacía menos feliz. Pero ahora de repente te da la sensación de que un par de pelos en el entrecejo te van a transformar en el equivalente, en lo que a atracción erótica se refiere, al jorobado de Notre Damme. La mera idea resulta deprimente.

Pero un buen día te encuentras con una ex, puede que incluso sea una de las que te explicó por qué tenías que usar la pinza en cuestión. Era una chica que siempre se vestía con tonos pastel, y ahora resulta que lleva ropa negra combinada con otros colores fríos (algo que le habías sugerido en multitud de ocasiones). Unos días más tarde te enteras de que otra ex, cuyos viejos gustos musicales harían escandalizarse a una quinceañera hormonada, va a acudir a un concierto de rock duro. Y como si eso fuera poco, llega a tus oídos la noticia de que aquella chica que siempre aborreció tu afición por el baloncesto ahora resulta que está siguiendo con emoción la final de la NBA.

Entonces te resulta imposible no pensar que, a pesar de todo, al menos has conseguido darle la vuelta al resultado. Nadie sale indemne de una relación, pero al menos estás ganado tres a dos, y eso ya es algo.

4 comentarios:

  1. Pero un buen idea???????????

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  2. @Raquel: jejeje, las prisas al escribir provocan esas cosas. Corrregido, gracias.

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  3. Hija de un puerco espín y la purísima concepción24 de junio de 2010, 23:04

    Me he enganchado a tu blog en media hora... Te hago un marcador en el Mozilla pero ya.

    >:) mejor depilarte el entrecejo que ser unicejo, pa qué te voy a engañar. Es como si llevaras un escote en la frente, y la gente no puede evitar notar su presencia. Te infravalorarán como ser humano.

    Por cierto, eres un pelín... ¿rencoroso? ¿vengativo? Mí no encontrar palabra. Deja de llevar la puntuación, hombre... no es sano.

    Si te hace sentir menos metrosexual, piensa que al fin y al cabo, sólo estás siendo consecuente con el fin existencial de las pinzas , las cuales, por otra parte, también te serán útiles cuando te claves una astilla o pises un erizo (que no te lo deseo).

    Esto es lo que pasa cuando una tendría que estudiar, que se pone a escribir comentarios en el primer blog jachondo que le aparece. No sé ni cómo he enlazado hasta aquí...

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  4. @Hija: no te creas que soy tan rencoroso. En realidad algunas de las anécdotas del post son reales (como la de la pinza que me dio la idea) y otras no tanto, así que la puntuación es aproximada. En cualquier caso, de todo se aprende. Me alegro de que te hayas enganchado al blog, a ver si te sigue gustando. Saludos.

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