Aún recuerdo que a principios del 2004 era imposible ir por el metro de Barcelona sin ver al menos un par de personas leyendo "El código Da Vinci". Uno se sentía como el protagonista de una película de terror en la que de pronto todos los que rodean al personaje tienen el mismo aspecto. Era tan absolutamente imposible no ver la portada de esa novela varias veces por día que al final terminé por detestarla y tomar la determinación de no leerla. Pensé que si diez años más tarde la gente aún hablaba de ese libro, entonces quizás sí que sería algo más que un simple best-seller de moda y entonces cambiaría mi decisión. Pasaron apenas cinco años y ya casi lo único que escucho del libro en cuestión (cuando alguien lo menciona, cosa que pasa cada vez menos) son críticas.
Ahora la cuestión está pasando otra vez, pero con la saga "Millenium". Esto tiene un lado bastante más preocupante, y es que la saga en cuestión consta de nada menos que tres novelas, por lo que es de esperar que el asunto dure algo más que la otra vez. Si a eso le sumamos los carteles de la adaptación cinematográfica, la invasión de esta saga a los viajes en metro es de lo más contundente que hemos visto en los últimos años. Lo bueno, en cambio, es que su autor está muerto. No sabría decir muy bien por qué, pero eso hace que deteste esta saga un poco menos. Casi me recuerda con ciero cariño a la famosa historia de John Kennedy Toole, el desafortunado autor de "La conjura de los necios" (novela que, por cierto, no está mal). No me malinterpreten, esto no significa que vaya a leer las novelas del bueno de Stieg Larsson, sólo que su nombre me causa un poco menos de urticaria que el de Dan Brown.
Supongo que mi reticencia a leer los libros que se ponen de moda tiene que ver con un par de malas experiencias. Aún recuerdo aquel final de telenovela barata del gran éxito de ventas "La sombra del viento", con el cual batí mi récord personal adivinándolo casi 300 páginas antes de que fuera desvelado. Y a eso podríamos sumar la imposible escena del torneo de ajedrez de "El Ocho", una de las fantasmadas peor elaboradas que leí en mi vida.
Y aquí yo me pregunto: ¿cómo llegan estos libros a ponerse tan de moda? A diferencia de la ropa u otros objetos de consumo, en este caso no creo que la publicidad sea el principal motivo. En mi caso, al menos, leí las novelas que menciono en el párrafo anterior debido a recomendaciones de otras personas. En el caso concreto de "La sombra del viento" puedo atestiguar que escuché a mucha gente recomendándola. Ahora bien, yo puedo llegar a entender que veamos películas malas sólo por los efectos especiales espectaculares, pero, ¿por qué la gente recomienda estas novelas? ¿Solamente porque se leen rápido? ¿Es ese un argumento suficiente como para pasar por alto unas escenas totalemente carentes de credibilidad o unos finales previsibles y/o decepcionantes? Ahí dejo la pregunta, a ver si a ustedes se les ocurre una buena respuesta, porque lo que es a mí...



