Seguro que alguna vez quisiste insultar a tu jefe. Al fin y al cabo, no conozco a nadie que no lo haya pensado alguna vez. Sin embargo, las consecuencias podrían ser nefastas, y eso en muchos casos nos refrena. Pero eso se acabó. El otro día, por pura casualidad, descubrí la forma perfecta de insultar al jefe, sin ninguna consecuencia negativa.
Nos ponemos en situación, en la tienda en la que trabajo, entran dos potenciales clientes. Van juntos, pero cada uno me pregunta, al mismo tiempo, por relojes que están en extremos opuestos de la tienda. Luego, mientras uno de ellos me sigue preguntando varias cosas, el otro me pide que le saque algunos relojes para probárselos. Cinco minutos después, tengo unos seis relojes sobre el mostrador, y el cliente me pregunta el precio de todos, mientras su amigo me consulta por otros temas. ¿Es que estos dos no son capaces de entender que, mientras le contesto a uno, no le puedo contestar al otro? ¿Acaso esperan que yo desarrolle espontáneamente una segunda cabeza para responder dos preguntas diferentes al mismo tiempo?














