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Idea para un gran invento

| domingo 30 de diciembre de 2007
En lugar de una anécdota, hoy voy a explicar una idea que tengo para un invento original.

En la actualidad existen relojes con multitud de funciones: cronómetros, alarmas, iluminación, relojes radio-controlados, relojes de submarinismo con profundímetro incorporado, relojes que dicen la fase de la luna... Ahora incluso están haciendo relojes con mp3. Pues bien, yo creo que hay que inventar un nuevo artefacto: el reloj que te diga cuándo será la próxima vez que tendrás ganas de ir al baño.


Esto sería extremadamente útil. Ya no nos pillarían las ganas de hacer pis en medio del autobús, en el cine, o en una cita romántica en la que paseamos por la ciudad en un carruaje tirado por caballos. También sería importante que el reloj dijera la cantidad y la calidad de la evacuación que se tendrá que hacer. Esto nos ahorraría muchos inconvenientes. Por ejemplo, imaginemos el diálogo:

- Mañana nos juntaremos en mi casa a ver una película, hemos quedado a las ocho, ¿te vienes?
- Lo siento, acabo de ver mi reloj, y dice que mañana a las ocho estaré padeciendo un ataque de diarrea. Pero parece que los síntomas no empezarán hasta las siete y media, así que si quieres, quedamos un par de horas antes.
- No, mejor no vengas, que si el reloj atrasa, me vas a llenar la casa de olor a muerto.

¿A que sería genial? ¿Y ustedes, tienen alguna idea para un invento original?
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Ante todo, sutileza

| lunes 24 de diciembre de 2007

Son una pareja. Están eligiendo un reloj Guess, chapado, muy llamativo, y mi compañera los está atendiendo. La clienta es rellenita, con un rubio teñido que no la favorece demasiado. Él es delgado, y con una terrible cara de baboso que se le ve a una legua de distancia. Finalmente, ella se decide por un reloj de unos 160 €, y él empieza a vanagloriarse a los gritos:

"¡Qué reloj que te he comprado, eh! ¡Has visto qué regalo, cari!" Y luego a mi compañera: "¿tu novio te compró alguna vez un reloj así, eh?" No, se gastó un poco más, responde ella, y yo sonrío porque sé que es verdad (además, el reloj de cerámica que le regalaron a ella es mucho más bonito y mucho menos hortera, pero eso ya es otra historia). Pero él no se desmoraliza, sigue vanagloriándose en voz bien alta de las cosas que le regaló, y acaba con una frase realmente memorable: "cari, lo que me vas a hacer esta noche...".

Impresionante. ¿Así que le compras un reloj chapado para que te la coma? ¿Y tienes que decirlo en voz bien alta, delante de ella y de quien te atiende? ¿Y por qué, ya que estamos, no te haces imprimir una camiseta que ponga: "mi novia me la a chupar porque le regalé un reloj"? Seguro que te quedaría muy elegante. En serio, este hombre tiene que escribir un manual de etiqueta, seguro que sería un best-seller.

Y yo me pregunto, ¿cómo puede ser que ella lo aguante?

P.D. Felices fiestas a todos, espero que os regalen mucho sexo algo bonito.
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Test de calidad del producto

| martes 18 de diciembre de 2007
Hace algunas semanas he comentado el caso de un chico que, para comprobar que un reloj era realmente resistente al agua, decidió chuparlo. Ahora bien, si le hubiese enseñado uno de esos relojes de Casio cuya batería dura diez años, ¿se habría quedado el hombre durante esos diez años en la tienda, para comprobarlo? Reflexionando sobre el tema, se me ocurrió pensar: ¿y si yo decidiera seguir estos métodos para comprobar las prestaciones de cada producto que compro? Por ejemplo:

Cuando compre un ordenador, antes de llevármelo, lo abriré y contaré los chips de la memoria RAM, a ver si están todos los que me dijeron. También llevaré varios DVDs y tarjetas de memoria llenas de datos, para copiarlos al disco duro y comprobar si realmente tiene todos lo gigas que anuncia. Por último, me compraré uno de esos aparatos para medir la radioactividad (esos que aparecen en las películas, los que hacen ese ruidito, como si hubiera una especie de ametralladora de pedos en miniatura), y lo pondré delante de la pantalla, a ver si realmente tiene el nivel de radiación que me dicen.

Cuando compre un coche, llenaré el tanque de gasolina, y recorreré con él todos los kilómetros que el anuncio dice que se pueden viajar sin repostar. También comprobaré la aceleración de cero a cien (como en la carretera no se puede parar a cero, lo haré en la ciudad), y la resistencia de los frenos (esto último, yendo a toda velocidad contra un muro, si el vendedor no se inmuta, es que realmente los frenos son tan buenos como dice).

Por último, cuando compre una cámara de fotos digital, primero haré una foto con ella. La ampliaré varios miles de veces, y luego contaré todos los píxeles, uno por uno, a ver si realmente tiene todos los millones que afirman que tiene.

¿Y ustedes, qué harían en una tienda para comprobar la calidad de un producto?

P.D. No dejen de mirar los comentarios, hay alguna sugerencia realmente muy graciosa.
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Acero de primera ley

| miércoles 12 de diciembre de 2007
Es curioso como, cuanto menos sabe una persona sobre algo, más categóricas son sus afirmaciones sobre ese tema. Hace poco comenté el caso del joven que aseguraba que un reloj automático no puede ser analógico. Muy bien, pues ayer mis compañeras se encontraron con uno que lo supera.

El cliente en cuestión le pide a mi compañera que le muestre un reloj Marc Ecko, una marca de relojes bastante llamativos (moda "bling-bling", según me comentó una amiga que se dedica a ese tema). La pieza en cuestión es un reloj todo de metal, en cuya esfera se dibuja una calavera con brillantes (¿serán circonitas? ¿cristales de Swarovzky? Da igual, lo importante es que la calavera del reloj se puede ver a un kilómetro de distancia). Como el de la foto, pero todo de metal. Cuando el cliente se lo prueba, le resulta muy liviano, lo cual le llama la atención.

Al principio mi compañera piensa que el cliente tiene miedo de que el metal del reloj sea cromado, es decir, que con el tiempo pueda perder el brillo. Entonces ella se dispone a comprobar la parte de atrás de la caja, para ver si indica que el reloj es todo de acero inoxidable (por cierto, sí que lo es), pero el cliente dictamina sentencia mucho antes: este reloj no es de acero de primera ley. ¿Alguno de ustedes escuchó alguna vez hablar de acero "de primera ley"? Yo tampoco, y trabajo todos los días rodeado de relojes de acero. Evidentemente, este hombre se está confundiendo con la plata. Mi compañera (que además de trabajar en una relojería, es joyera) intenta explicarle con toda delicadeza que no existe el acero "de primera ley". Pero por supuesto, a un ignorante no se le puede hacer ver su ignorancia, porque su reacción suele ser la reafirmación exaltada de su propio desconocimiento. Nuestro elemento se ofuscó tanto que llegó a afirmar que "el acero es un mineral, que extraían los antiguos egipcios". Y punto. Está clarísimo, ¿no? Si es un mineral que extraían los egipcios, tiene que existir la versión "de primera ley", no hay duda. Amigo, acabas de cruzar la fina línea entre la inocente ignorancia y la radical estupidez.

Por supuesto que el acero no es un mineral, sino una aleación de hierro y carbono, a la cual los antiguos egipcios no llegaron ni en sus mejores sueños. Por supuesto que la historia antigua de un determinado metal, no tiene nada que ver con que se lo denomine "de primera ley". Pero, ¿cómo explicar todo esto a un energúmeno que se encarceló a sí mismo en su propia tontería? Ah, por cierto, el reloj era un poco más ligero que otros de acero inoxidable, pero sólo porque no tiene crono (menos maquinaria = menos peso) y porque el army es más bien fino. ¿El acero? De primerísima ley, por supuesto, y los cristales también, ya que estamos.
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¿Cariño fraternal?

| sábado 8 de diciembre de 2007


Entran un hombre y una mujer, de unos treinta y pocos, aproximadamente. Van directamente hacia el expositor donde tenemos el nuevo Lotus "Code". El hombre pregunta cuanto cuesta el crono de acero, y se lo digo (con correa de piel 229, con army de acero 249). Entonces él exclama un exabrupto: "joder, me cago en la puta cuánto dinero" (o algo similar). La chica se enfada, "¡Pues lo compras! ¡Que es un regalo para tu mujer, coño!", y le pega una bofetada de las buenas. Yo me había acercado para explicarles más sobre el reloj, pero prefiero alejarme. Mi compañera y yo nos miramos asombrados, mientras la chica sigue reprochándole - a los gritos - su tacañería.

Me piden que saque ambos, para decidir. Ya en el mostrador, él comenta que a su mujer le gustará más el que es todo de acero, grande y pesado. "Se le caerá el brazo, pero me llevo este". Lo dice mientras se lo prueba en su muñeca, de la que afirma que es más grande que la de su mujer. Ella se ofrece a probárselo en su muñeca: "Yo la tengo más pequeña", explica. Él no puede evitar el chiste fácil, en voz bien alta: "claro que la tienes más pequeña, bueno, mejor dicho, no la tienes". ´Para recriminarle su falta de delicadeza, ella le pega una buena patada en la espinilla.


Ella le dice: "muy bien, ya has cumplido con tu mujer. Será la primera vez que cumples como marido". Él se ríe, y yo intento disimular la risa. "Pues ayer, he vuelto a cumplir", afirma. ¿Ah sí? Dice ella. Y dice él: "luego lo pagaré en Navidad, cada vez que cumplo lo pago con un hijo". Ella vuelve a enfadarse y le da otro golpe, esta vez en el brazo. "¡Pero si te dan 2000 euros!" (haciendo referencia a la ayuda del estado español por tener hijos). "Si estuviera en francia me darían 10000, o en Alemania", replica él. "¡Pues vete a Alemania!" dice ella. Yo, mientras tanto, hace un rato que no puedo evitar reírme abiertamente.

Mientras le empaqueto el regalo, él insiste: "ya verás que tendré que pagarlo luego en Navidad". Ella afirma: "menos mal que yo ya tengo las hormonas tranquilas", él incrédulo: "¿seguro?". Luego sigue con lo de los hijos, "tendría que haber empadronado a uno en Irlanda y a otro en el País Vasco". Esto último viene seguido de una explicación, pero me la pierdo mientras busco una bolsa (aunque seguro que era algo fascinante).

Se fueron poco después. Por el contexto, me imagino que estos dos eran hermanos. Espero que él siga cumpliendo, y que alguien le enseñe cómo utilizar un condón. Por lo demás, que no siga yendo de compras con su hermana, no parece que sea bueno para la salud.
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Los personajes

| miércoles 5 de diciembre de 2007
Por la tienda antigua pasa muchísima gente, ya que hace muchos años que está en esa ubicación, y tiene muchos clientes habituales. Pero entre estos "habituales" no hay solamente clientes: compradores, gente que quiere cambiar pilas y personas que llegan cada vez que hay un cambio de horario porque no saben cómo ajustar su propio reloj (aunque en algunos casos se trata de esos simples relojes analógicos, que se ajustan tirando de la corona y girándola para mover las agujas). Entre los "habituales", como decía, no sólo están esas personas. También hay otros, a quienes algunos llamarían frikis, pero yo prefiero denominar: los personajes.

La primera que me gustaría nombrar es la señora del bastón, "mi amiga", como suele decir entre risas mi compañera de trabajo. La señora del bastón tiene MUCHO tiempo libre, y se lo pasa viniendo a la tienda a charlar con nosotros (del tiempo, de la gente que pasa por la rambla... De lo que sea). Una vez llegó y yo no me di cuenta (estaba colocando relojes), así que se acercó a mí y me dio con la punta del bastón en el pecho. Conclusión: a la señora del bastón conviene no dejar de saludarla, para evitar ataques físicos.

Otro habitual es el que viene a preguntar por los relojes automáticos de Citizen. Un tipo que habla medio raro, por lo que es difícil entenderlo. Por suerte siempre pregunta lo mismo, así que si no le entendemos, le mostramos un Citizen automático, y él se queda contento. Nos comenta que en otro sitio se lo venden más barato, pero sin garantía, así que no se fía. De todas formas, aunque hace meses que pregunta, nunca se compra el dichoso reloj. Bueno, supongo que hay gente que necesita pensarse bien cada decisión.

Otros habituales de la tienda vieja son Vicente y el "Bareta". El primero es genial, un tipo simpático que siempre nos puede hacer un favor, mientras que el segundo debería estar encerrado en un manicomio. A ambos les dedicaré una entrada exclusiva más adelante.

En la tienda nueva también hubo un habitual, un hombre que me llamaba "jefe", y que compró un reloj Citizen de submarinismo ("¿es bueno, jefe? Me lo llevo, jefe"). Este último volvió luego con otro reloj, contándome que el Citizen lo había empeñado, pero que lo recuperaría cuando cobrase. Unas semanas más tarde volvió con el reloj comprado, demostrando que decía la verdad. "¿Es resistente al agua, incluso para submarismo, verdad jefe?" No puedo imaginarme a este hombre mayor, con un traje que le queda grande, y un bigote que parece sacado de un retrato del Kaiser en la primera guerra mundial, haciendo submarinismo. Ahora hace tiempo que no viene. Me pregunto qué habra sido de su vida, si aún tendrá el reloj, o si llamará "jefe" a todo aquel con el que se cruce. Quizás algún día lo sepamos.
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Manipulación sutil

| lunes 3 de diciembre de 2007

Ya sé que probablemente te habrás pasado toda la vida pensando que los dependientes de las tiendas formaban parte de una secta, una agrupación secreta dedicada a manipular las mentes con sutiles técnicas ocultas, para lograr la dominación mundial. Sin embargo puedo asegurarte que eso no es cierto. Nos limitamos a las artimañas estrictamente necesarias para ejercer nuestro trabajo. Por ejemplo:


Cuando el reloj es muy grande:


- Es que ahora se llevan grandes, es la moda. Y te queda muy bien (aunque sea una chica delgadísima con un reloj más grande que su puño, eso es secundario).


Cuando un hombre pregunta por un reloj de mujer (o viceversa):


- Es unisex, ahora es lo que se lleva. Y se ve muy chulo (aunque sea tan ridículo como el caso que comenté dos entradas más abajo).


Cuando preguntan por la marca, y la marca es una porquería:


- La relación calidad/precio está muy bien. Tiene DOS años de GARANTíA (lo diré con mucha seguridad y énfasis, aunque en realidad, TODOS los relojes tienen al menos dos años de garantía, la ley europea los obliga; pero el cliente no tiene por qué saberlo, y de hecho, nunca lo sabe).


Cuando preguntan por la marca, y tiene máquina japonesa:


- Está muy bien, tiene máquina japonesa fabricada por CITIZEN, que es una marca muy fiable (parcialmente cierto, aunque teniendo en cuenta que CITIZEN fabrica el 90% de las máquinas de relojes del mundo, no es que esto sea precisamente un criterio diferencial, pero una vez más, el cliente no lo sabe).


Cuando preguntan por qué el reloj más caro es más caro:


- La máquina está hecha en Suiza, y eso es siempre un valor añadido (el 99,99% de los clientes jamás notarán la diferencia de precisión entre una máquina suiza y una japonesa - o incluso china -, pero el snobismo es muy poderoso).

- Lo que estás pagando es el diseño (horrible y hortera, pero te diré una y otra vez lo bonito, impactante y original que es: "con ese reloj no pasas desapercibido").

- Es la nueva colección (lo que significa que hay que pagar lo que la marca invirtió en la última publicidad, aunque el reloj no tiene NADA más caro que el de la temporada pasada).



Hay muchas otras formas, pero no quiero alargar demasiado esta entrada. Sólo decir que, aunque no podamos mentir, las valoraciones subjetivas que podemos hacer en una tienda abarcan un gran abanico de posibilidades. Así que cuando vayas a comprar, no preguntes nada que no tenga una respuesta clara, única y objetiva. Aunque sepas que el dependiente te quiere vender a toda costa, no eres inmune a sus comentarios, te lo garantizo.