
Llego a la tienda nueva, donde ahora tenemos el almacén, en busca de cajas de relojes de algunas marcas, que en la otra tienda se han acabado. Veo que mis compañeras están atendiendo a un cliente, un tipo rellenito, con gafas de pasta, pelo muy corto, y un estilo que parece decir: "hace más de un año que no echo un polvo sin pagar". Ellas están buscando el manual de un reloj Citizen automático (de esos que se cargan solos con el movimiento), con tanta resistencia al agua que se podría hacer submarinismo con él (aunque sinceramente, dudo que este friki salga de su casa lo suficiente como para practicar deportes subacuáticos). Miro el reloj, que no tiene ninguna función especial, e indico: es un analógico sin crono, ni radio controlado ni ninguna función especial, así que puede que no tenga manual (si a alguien le hace falta un manual para leer un simple reloj de agujas, que vuelva al colegio primario). Entonces es cuando al espertento de cliente se le ocurre corregirme: "no es analógico, es automático".
Hago acopio de paciencia, y con toda la educación posible le explico que la diferencia entre analógico (es decir, con agujas) y digital (es decir, con números) no tiene nada que ver con el movimiento. Independientemente de que sea automático, de pila o solar, un reloj con agujas es analógico, punto. El cliente parece que no entiende, o no habla mi idioma, porque insiste: "no es analógico, es automático". Entonces una compañera encuentra el manual (una especie de díptico de diez centímetros por diez, que explica cómo se le pone la hora al reloj y a qué profundidad puede sumergirlo), y aprovecho para desentenderme del tema e ir en busca de las cajas que necesitaba desde un principio. Mientras las voy juntando, escucho al especimen explicando a mi compañera qué significan las letras del código del reloj. Dice, entre otras cosas, que todos los relojes Citizen tienen tres letras antes del número de serie. Un segundo después mi compañera no puede dejar de comprobar que el reloj que tiene el cliente en las manos, antes de los números, sólo tiene dos letras. "Lo habrán cambiado esta semana", afirma el energúmeno. Claro, chaval, lo que tú digas, lo cambiaron esta semana, y además, lo hicieron sólo para fastidiarte a ti. Siento la tentación de sacar todos los catálogos de las distintas colecciones de Citizen, para mostrarle que los más de cuarenta relojes que aparecen allí tienen, todos, dos letras antes del número de serie; pero me contengo. Además, escucho de refilón algo sobre la última letra, que por lo visto indica dónde se fabricó el reloj. Curioso, y yo que pensaba que todos los Citizen se fabricaban en Japón.
Poco rato después ya estoy de vuelta en la otra tienda. Unas horas después vuelvo, a buscar alguna otra caja, y mi compañera me comenta que el muchacho finalmente no compró el reloj. Seguramente no tendrá suficiente dinero porque se lo gasta todo en suscripciones a webs de pornografía en las que debe pasar el 90% de su tiempo. Pero por lo visto, antes de irse, le volvió a afirmar, señalando al reloj, "no es analógico, es automático". Y como el cliente siempre tiene la razón, a partir de ahora tenéis que tener en cuenta lo siguiente: si veis un reloj automático con un par de agujas, olvidadlo, es solamente un producto de vuestra imaginación. Un reloj automático, jamás puede ser analógico.